martes, 22 de abril de 2008

¿Agua por placer o necesidad?

Hace un par de días pudimos observar como el presindent de la Comunitat Valenciana, Francisco Camps, anunciaba presentar ante el Tribunal Constitucional el pequeño trasvase del Ebro hacia la sedienta Barcelona. De esta manera, Caps daba a conocer su total oposición al transporte de agua del Ebro hacia Barcelona a modo de venganza por lo que no pudo conseguir bajo el mandato de Aznar: transportar el agua del río más caudaloso de España hacia el sur.

Aparece aquí, pues, una doble moral respecto a la utilización del agua; todo parecía que el trasvase del Ebro hacia tierras valencianas se hubiera empleado para regar campos de golfs, llenar piscinas y otros espacios de ocio, por ejemplo, algo muy inmoral si tenemos en cuenta las características del nuevo trasvase hacia el norte. No obstante, Camps, demostrando poca solidaridad, tiene aún la espina clavada en el pecho y decide presentar el problema del agua ante la justicia.

Por otro lado, y volviendo al ya pasado y frustrado trasvase del Ebro hacia el sur, el PSOE se comprometió en no trasvasar ni una gota de agua de dicho río, tanto si fuera para el norte como para el sur. Pero la realidad dista mucho de este pacto... Ahora los socialistas se empeñan en cambiar el nombre de la futura acción hidráulica por algo tan léxicamente agobiante como captación temporal y puntual de agua. ¿Es necesario disfrazar con otras palabras lo que en el fondo es un trasvase? Se puede matizar que sea algo indefinido o puntual, algo necesario o innecesario. Pero en el fondo, por muchas matizaciones y nombres que definan la nueva acción hidráulica, en el fondo el gobierno llevará a cabo un trasvase en toda regla.

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